Necesitaban que nadie se quedara esperando.
Lo que instalé
Un agente que contesta WhatsApp. Saluda, pregunta lo que falta y deja la visita lista para que una persona la tome. No promete fechas ni precios que no le tocan.
Alrededor, piezas chicas que hacen una sola cosa:
- A las 8 de la mañana, la encargada recibe solo lo que le toca hoy. Nada más.
- Si alguien pide una visita o se queja, el equipo se entera en ese momento, en su grupo.
- Las fotos que mandan los técnicos se archivan solas en el expediente del cliente. Del 1 de agosto al 23 de septiembre: 254 aciertos y cero errores. Antes, alguien las subía a mano; llevaban más de dos mil.
- Lo que mueve dinero lo aprueba una persona, con un «sí» por WhatsApp.
El primer mes
262 clientes escribieron. Todos recibieron respuesta, con una mediana de 13 segundos. 105 escribieron fuera de horario. 203 se resolvieron sin que la oficina tuviera que entrar.
En horas, el ahorro fue de unas 28 en tres semanas. Eso solo no paga el sistema, y lo digo así porque es cierto. El valor está en otra parte: en el cliente que antes se perdía en silencio.
Cómo trabajo
Instalo el sistema dentro de lo que la empresa ya usa: su WhatsApp, su sistema de gestión, sus archivos. Nadie llena formularios nuevos. Nadie tiene que aprender nada técnico.
Después lo mejoro cada semana. Los archivos originales del cliente no se tocan. Y una persona siempre aprueba lo que tiene que ver con dinero o con lo que se le dice a un cliente.
Lo difícil no fue lo técnico. Fue decidir qué no hacía el sistema.
