Empecé con un problema sencillo y propio: en Guadalajara siempre pasan cosas (conciertos, mercados, expos, funciones) y casi siempre me entero tarde. La información está, pero dispersa en mil lados. Quería un solo correo, bonito y corto, que me dijera qué vale la pena el fin de semana.
La idea, en una frase
Un boletín que se arma solo. Nadie sentado copiando eventos a mano. El sistema busca, filtra, escribe y envía. Yo superviso, no opero.
Cómo funciona por dentro
Lo voy a explicar como me hubiera gustado que me lo explicaran: por partes.
1. Recolectar. Un proceso junta los eventos de la ciudad de varias fuentes. Es la parte aburrida pero necesaria: tener materia prima fresca.
2. Curar. En vez de listar todo, el sistema elige lo mejor y lo escribe con una voz propia, tapatía, cálida, sin relleno. La diferencia entre un volcado de datos y algo que dan ganas de leer está justo aquí.
3. Diseñar. El contenido se acomoda en una plantilla tipo revista. Dos piezas: una para el fin de semana y otra entre semana.
4. Enviar solo. Un reloj automático (lo que en software se llama un "cron") dispara todo los lunes y los viernes. No hay un humano apretando "enviar".
Lo que más me costó
No fue la tecnología. Fue decidir qué no incluir. Un boletín que trae cuarenta eventos no sirve: abruma y se cierra. La curación, elegir poco y bueno, resultó ser el corazón del producto, no un detalle.
La segunda lección: lo que se manda solo igual se tiene que vigilar. "Automático" no es "olvidado". Reviso que la voz no se desvíe y que no se cuele algo raro.
Por qué lo cuento
Porque resume cómo trabajo ahora. Vengo del cine documental: entender un mundo a fondo y contarlo con cuidado. Construir estas herramientas es lo mismo, en otra forma. Aquí el "documental" es un correo que llega cada semana, y la cámara es un sistema que trabaja mientras yo duermo.
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